Turbulencia
Las miradas entre los pasajeros, la aprehensión silenciosa y el deseo porque lo que venga sea breve e inofensivo. Afuera solo nubes de un blanco grisáceo que impide saber si el avión sobrevuela un océano, una ciudad o una cordillera; no importa en realidad porque de estrellarse contra cualquiera de ellas, el final es inevitable. La campanilla suena una vez más recordando que el anuncio está encendido y un último recorrido de una azafata anónima - pues todas han perfeccionado su trabajo al punto de no representar diferencia entre sí - que sujetándose de los respaldos de los asientos atraviesa toda la extensión del avión con mirada severa, forzando a que los últimos pasajeros cumplan con la orden de la cabina.