La contemporaneidad, parecería, tiende a poner grandes presiones sobre la libertad, usando como muletilla- "sound bite" dicen los angloparlantes - a "la libertad". Esa paradoja se relaciona con una búsqueda clásica, casi eterna, de la humanidad: garantizar la capacidad de decidir por cada uno. Tal búsqueda enfrenta problemas prácticos, pues no puede ser ilimitada, no debe ser egoísta, y requiere consolidarse de manera equitativa. El fallo en uno de esos criterios supondría la afectación a los otros.
Los tres criterios suponen la noción de un bien común que antecede a la libertad, e, implican algún mecanismo de restitución cuando este se vea afectado. La ciencia política - o más precisamente la filosofía política - recurre a John Stuart Mill y su ensayo "Sobre la Libertad" en el que discute la manera cómo esta se verifica en las sociedades, y el rol que los individuos tienen para conseguirla, así como para oponerla a las pretensiones de las autoridades, cuando estas buscan usar sus prerrogativas para contenerla o reducirla.
La pieza central en la reflexión de Mill es el gobierno representativo como prerrequisito para la libertad se puede alcanzar al superar la oposición entre gobernantes y gobernados.
Entre el siglo XX y lo que va del XXI hemos transitado todas las formas de afectación a la libertad con los totalitarismos, el "fin de la historia", y el más reciente resurgimiento de los autoritarismos que, manteniendo las formas democráticas, son deficitarios en la esencia que Mill advertía como fundamental: la individualidad.
Tal individualidad supone que el hombre escoge por si mismo su "plan de vida" - es decir, no permite que este sea el producto de lo decidido por un tercero - lo que a su vez supone que
La libertad, en definitiva, se construye desde los individuos, requiere el uso de la razón y el reconocimiento de la necesidad de un futuro común en el que las condiciones de lo individual no superen las posibilidades de lo colectivo. De allí que los discursos sobre la libertad usada como muletilla más bien deben advertir sobre la verdadera pretensión que los encubre. La libertad no puede ser solo una palabra.
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